El fallo epigenético

'Duelo a garrotazos', Francisco de Goya, 1920-1923 Museo del Prado

Querida Reyes Leiva,

Sabes que somos alma, pero, sobre todo, sangre y piel y carne, ¿verdad? Esos millones de células que cada día se multiplican correctamente de forma milagrosa en nuestro cuerpo. A veces, esta división falla. Muchos de estos errores son corregidos por nuestro propio organismo, que también para eso tiene sus mecanismos de defensa. Otras, no hay nada que hacer. Es entonces cuando aparecen los tumores. O las malformaciones durante el desarrollo del feto.

Estas alteraciones, algunas de ellas no necesariamente negativas, ahora sabemos que se transmiten de generación en generación. Querida Reyes, esta es la única explicación que puedo darte para describirte lo que está pasando estos días en estos lares.

Sé que, en los tuyos, en la ‘pérfida Albión’, tampoco estáis para tirar cohetes. Pero, querida, pocos despropósitos políticos pueden compararse a la muestra que vivimos este pasado frío domingo de febrero. El lamento machadiano de las dos Españas ha vuelto con toda su fuerza bruta. La derecha, de nuevo, se arrima a la extrema derecha para partir en dos a un país con un Gobierno en minoría, con una justicia que parece buscar más un escarmiento que procesos justos, con unos nacionalismos exacerbados y con unos líderes políticos que no están a la altura ni siquiera para levantar el teléfono cuando parece que no puede ir a peor. Pues sí, puede.

Tiene que haber algún fallo primigenio en la división celular del ADN ibérico que pueda explicar esta reiteración en volver a la leyenda negra de España. Todos los que, durante décadas, tú lo sabes querida Leiva, hemos clamado en el extranjero que no, que España es un país moderno, con múltiples ejemplos de genialidad, creatividad, innovación y emprendimiento, cada vez que un alemán, un francés o un nórdico nos miraban por encima del hombro, ahora debemos callar de nuevo.

Cada cincuenta o sesenta años, tozudamente, una parte de esta sociedad celularmente fallida nos devuelve a todos al hoyo negro de lo atávico, al mantenimiento del poder rancio que defenestró ya a Jovellanos, a Goya, a Giner de los Ríos, a Campoamor, a tantos y tantas. La caverna regresa. La caverna más recóndita: Atapuerca es la Capilla Sixtina comparada con ellos.

Y nos meten en el hoyo inmundo del machismo, de la homofobia, del nacionalismo más reaccionario, a todos, aunque a algunos les cueste verlo. Nos meten en el hoyo oscuro a progresistas, pero también a conservadores. A republicanos y a monárquicos. A católicos, a laicos, a judíos y musulmanes, a federalistas, a nacionalistas, a independentistas, a constitucionalistas, a mujeres y a hombres. A todas y a todos, querida Reyes.

Pero pocos se dan cuenta. Retumban de nuevo las palabras del pastor luterano Martin Niemöller, en marzo de 1946.Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”. Banalizando la maldad que destilan, que escupen, los que nos quieren devolver a la época de Ataúlfo, compramos muchas papeletas para que nos toque repetir las palabras de Niemöller.

No sé qué pasará en las próximas semanas, querida Reyes. Todo apunta que, estos que no se dan cuenta de que también ellos amanecerán dentro del hoyo, no serán capaces de llegar a un mínimo acuerdo para evitar que los bárbaros regresen al Gobierno de este extraño país.

Te lo escribo hoy, querida Reyes, un 12 de febrero, el mismo día que nacía hace 131 años Clara Campoamor. Ella también vivió en primera persona la caída a uno de estos hoyos recurrentes. Le tocó uno de los peores, probablemente. Murió lejos de aquí, claro, en Lausana. No lo olvidemos.

Siempre tuya.

Argansblury, febrero de 2019

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