Perros

              Esa necesaria presencia que para el perro es el hombre y para el hombre, el perro, no los traicionaba nunca, ni a uno ni a otro; y aunque distintos de todos los hombres y perros del mundo, podían considerarse, como hombre y perro, felices.[1] Eso dice El barón rampante. Woolf no solo habló de perros; le dedicó un libro a uno:                   Los hombres y mujeres célebres tienen secretar [...]

Objetos perdidos II

La gente lo perdemos todo, pero lo que más perdemos es la cabeza. Literalmente. Empezando por Orfeo, cuya cabeza llegó a Lesbos cantando como una descosida, pasando por la de Medusa, que acabó en la égida de Atenea, o la de Juan Bautista en una bandeja para Salomé. Siempre que veo una boya en el mar pienso en la cabeza flotante de Eneo Silvio Carrega, una cabeza con un fez con borla cortada de un golpe de cimitarra. Y en mi cabeza sigue g [...]

Caballos

El Mar de los Sargazos es un cementerio de barcos, y un mar interior donde no soplan los vientos ni hay corrientes. Por eso era difícil navegarlo. Dicen que los buques que lo cruzaban prescindían de sus caballos para aligerar peso y ahorrar agua. Los tiraban por la borda. Así que también es un cementerio de caballos. El White Pass, puerto de montaña en la ruta de la fiebre del oro del Klondike, se dio en llamar «Dead Horse Trail» porque [...]

Como la espuma

Un supuesto defiende que la verdad, como la fermentación, siempre aflora. Yo creo que a veces no, pero sé que la verdad solo puede contarse con mentiras. Luego a esas mentiras las llamamos arte. En El árbol del orgullo Chesterton cuenta la historia del ermitaño Securis, que vivía entre árboles y llegó a quererlos como a amigos; pues, aunque eran gigantes de muchos brazos, eran los seres más inocentes y mansos; no devoraban como devoran [...]

Llamaron a la puerta

Fredric Brown escribe en Llamaron a la puerta: Hay un delicioso cuento de terror que solo tiene dos frases:             El último hombre sobre la Tierra estaba sentado solo en una habitación. Llamaron a la puerta...             Dos frases y una elipsis en forma de puntos suspensivos. El terror, naturalmente, no está en el cuento en absoluto. Está en la elipsis, en la insinuación: ¿Qué llamó a la puerta? Frente a lo desco [...]

Shakespeare o la broma infinita

Lampedusa dijo que todo lo que sabemos sobre Shakespeare cabe en media página.[1] Si quitamos «sobre Shakespeare» a esa frase sigue siendo verdad. Un erudito shakespeariano dijo a Bill Bryson que toda biografía de Shakespeare consiste en un 5% de hechos probados y un 95% de conjeturas. Mark Twain gastó una broma: no fue Shakespeare quien escribió las obras de Shakespeare, sino un autor del mismo nombre. Sin embargo la broma no era su [...]

Amarillo

Si existen los sinónimos, el verano es –aparte de culpa de Vivaldi[1] y por su lado bueno– sinónimo de amarillo. Y lo digo sinónimo de ofender. El amarillo me gusta; lo que detesto es el calor, no el color. El amarillo es luz. El amarillo es el color que mejor se ve de lejos. De ahí que los autobuses escolares suelan pintarse de amarillo, como los buzones o los taxis. El amarillo es, según la decimosegunda acepción del DRAE, un: [...]

Las Variaciones Golden

Aria. Manzana in corpore sano. I Variación de Eva El paraíso está cerca, a una manzana; se llega serpenteando por esa rama. II Variación de Troya Érase una vez que se Hera, que el primer concurso de belleza acabó en guerra. Perdimos (¿se gana alguna guerra?) pero siempre nos quedará Paris. De Atenea solo cabe decir que su nombre en romano: me enerva. Afrodita ganó la apuesta a través de la carne de Helena. El resto, es leyenda [...]

Manchas

Todos tenemos por lo menos una, ya sea fruto del antojo o del equívoco. El señor Keuner, que es sabio porque ha errado cuanto ha podido, incluso las planifica: –¿En qué está trabajando usted? –le preguntaron al señor K. Este respondió: –Tengo mucho trabajo. Estoy preparando mi próximo error.[1] Es, como se titula ese breve cuento, la fatiga del mejor. Del error se aprende. Yo por eso procuro que mis errores sean siempre di [...]

Sin palabras

No tengo palabras (dice). Te doy mi palabra (y calla). Palabra de honor (a escote). Ni una palabra (ya van tres). No dijo ni mu. Las palabras se las lleva el viento (el mismo que te pega en la cara). Lo escrito, escrito queda. Palabras al aire. Palabras mayores. La última palabra. Si lo que vas a decir no es mejor que el silencio, no palabras la boca. Somos ruido. Bla. Y no paramos de hablar sobre callarnos. Pero hay un lenguaje sin palabras — [...]