La odisea del Mercado de Legazpi

La ciudadanía, encabezada por la Plataforma FyV y el colectivo EVA, mantienen vivo el debate sobre el futuro del Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi

Cada vez surgen más similitudes entre el barrio londinense de Whitechapel y Madrid. La primera y más evidente, es que un destripador anda suelto y que cualquier edificio singular puede ser su víctima. Tratamos de esclarecer la odisea del Mercado de Legazpi gracias a las pistas surgidas en el último debate organizado por la Plataforma FyV (Plataforma en Defensa del Antiguo Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi), celebrado el lunes 23 de abril, en las dependencias del EVA (Espacio Vecinal Arganzuela) y con asistencia de arquitectos y urbanistas como Eduardo Mangada, Gabriel Carrascal, Pablo García, Marisol Mena (Directora General de Intervención en el Paisaje Urbano y el Patrimonio Cultura), Alberto Tellería (Madrid, Ciudadanía y Patrimonio), Fernando Espinosa, Amparo Berliches (Madrid, Ciudadanía y Patrimonio) y Sergio Martín Blas.

Primera pista. Corrían los convulsos años 30 del siglo XX y el Ayuntamiento de Madrid empezó a acometer las reformas que en otros países de nuestro entorno geográfico y social hacía años que plasmaban un ideario de preocupación hacia las necesidades de la ciudadanía. Colegios, mercados y otros edificios públicos fueron construidos en base a las premisas de modernidad e higiene. Enmarcado en este ambicioso plan surge el Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi, de la mano del arquitecto Francisco Javier Ferrero.

El propio Ferrero definía este proyecto en los siguientes términos: La sencillez ha presidido la ordenación y construcción de los nuevos mercados, hasta el punto que ha roto con todos los viejos moldes, dando lugar a una orientación fuertemente original… Aun los más modernos y más perfectos mercados del extranjero no han podido desprenderse de la magnificencia… Los madrileños se han edificado no para el asombro del público, sino para su servicio”. Un edificio de tintes neomudéjares y de racionalismo, siendo una de las primeras grandes construcciones en hormigón en nuestra ciudad. A día de hoy, el Mercado de Legazpi es el último mercado central programado por esas políticas republicanas que aún no ha sido modificado.

Salto en el tiempo. Tras diversas andanzas, en el año 2007 de este también convulso siglo XXI, el Ayuntamiento de Madrid, capitaneado por aquel entonces por Alberto Ruíz Gallardón, decide clausurar el Mercado de Legazpi para transformarlo en oficinas de la administración pública y algo más. Su sucesora en el cargo cuando Gallardón fue nombrado ministro de Justicia, Ana Botella, intentó ir un paso más allá: quiso privatizar (‘cesión’, le llamó ella) el espacio a cambio de un canon anual de 60.000 euros durante 40 años para que un inversor transformar el mercado en un espacio gourmet-spa, con una biblioteca dedicada a la gastronomía. El despropósito estaba servido.

Cambio de rumbo con un polémico proceso participativo

La llegada de Ahora Madrid al Ayuntamiento congeló la propuesta de Botella y supuso una nueva fase para los planes de futuro del mercado. Como recuerda Eduardo Mangada, concejal de urbanismo – y primer teniente de alcalde del primer ayuntamiento democrático de Madrid- “han sido los ciudadanos los que han protegido este espacio frente a la voracidad de la especulación inmobiliaria”.

Y por ello la Plataforma FyV pidió a la nueva administración abrir una vía de proceso participativo para el futuro del mercado. Tras cuatro sesiones en las que no se llegó al consenso, surgieron dos proyectos independientes. Por parte de los vecinos se planificaba el espacio como una puerta verde entre Madrid Río y la ciudad, por medio de la “reactivación paulatina y colectiva del espacio cuya pluralidad se base en la riqueza de usos y su capacidad de adaptación al espacio en sus características actuales”. Se proponía, sin olvidar las necesidades del actual Ayuntamiento, “una mezcla de comercio, lugares de trabajo y residencia”, junto a la “introducción de talleres y alojamientos anejos en alquiler social a ambos lados de la calle descubierta de la planta superior”. (1)

Una imagen del debate celebrado en EVA el pasado 23 de abril

Por su parte, el Ayuntamiento presentó un proyecto de rehabilitación en agosto del año pasado, donde albergará nuevos equipamientos para el distrito de Arganzuela (biblioteca, locales de uso vecinal y huertos urbanos), así como varios servicios de la Administración. En concreto, se pretende ubicar a 2.000 funcionarios para ahorrar en el alquiler de oficinas, lo que a los más viejos del lugar les recuerda al proyecto de Gallardón, más aún cuando son los mismos arquitectos, Eduardo Pesquera González y Jesús Ulargui Agurruza, los que se encargarán de ello.

Un proyecto que alentó la modificación, en 2006, del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997. Con este paso, las alas que enmarcan la entrada al mercado quedaron fuera de la protección del conjunto del edifico del mercado, a pesar de ser parte del edificio original y encontrarse en los planos del arquitecto Ferrero. Lo interesante en este asunto, es que las parcelas que ocupan estas edificaciones pasaron a tener una categoría de uso terciario, por lo que se convirtieron, sin necesidad de cirugía alguna, en un caramelito en una ciudad ávida de espacios edificables. Se convirtieron en las anfitrionas de dos ‘hermosas’ torres.

Los tintes novelescos llegan cuando el actual Ayuntamiento cede esta parcela segregada a la Junta de Distrito de Arganzuela, que a su vez cede el edifico a los vecinos para su uso autogestionado, todo ello sin restituir la parcela a la integridad del edificio.

El proyecto en la actualidad

El 27 de abril de 2017 la presidenta de Docomomo Internacional, Ana Tostões, instaba al Ayuntamiento de Madrid, al Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y a la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid a replantear la reforma presentada en diciembre de 2016, pidiendo expresamente que “el proyecto de transformación se adapte y respete los principales valores arquitectónicos del edificio, que no altere su configuración espacial ni sus materiales más característicos y, especialmente, que no introduzca elementos que, buscando ampliar su capacidad, destruyen su extraordinaria calidad”.

A día de hoy, el proyecto no está adjudicado, sino que está en proceso de subsanación de patologías, que se prevé durará hasta el mes de noviembre, por lo que no se puede llevar a cabo ningún tipo de transformación. Fue la Directora General de Intervención en el Paisaje Urbano y el Patrimonio Cultural, Marisol Mena, la que dio esta noticia que dota de un tiempo extra de respiro a los vecinos. Mientras, las asociaciones asistentes al debate del pasado día 23 siguen dispuestas a intentar todas las vías posibles para salvar los elementos singulares de este edificio.

(1) Fragmentos de “Legazpi. Un mercado con vocación de ciudad”, por Eduardo Mangada, Sergio Martín Blas y Gabriel Carrascal.