El sentido de la vida (o cómo conjugar el verbo ‘lego’)

Libros / Antonio Basanta publica 'Leer contra la nada', una declaración de amor total al libro y a la lectura

Antonio Basanta, actual vicepresidente de la Fundación Germán Sánchez-Ruipérez / Foto: FGSR

Mi primera biblioteca fue mi madre”. Rotunda declaración de un hombre que lo ha sido casi todo dentro del universo lector. Quizás también literario, pero, sobre todo, lector. Antonio Basanta (Madrid, 1953), director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez durante más de veinte años, es probablemente una de las personas que más ha hecho por los libros y la lectura en este país. Y por crear nuevos lectores.

Es, claro, él mismo un lector excepcional. Una de aquellas personas que sin dudarlo suscribirían aquella máxima de Lampedusa, el lector total, que decía “leer bien para vivir mejor“. Leer a través de la comprensión. Pero acompañada de la emoción, la imaginación y la intuición como único camino para llegar a la comprensión lectora.

Estos tres atributos, además de una prodigiosa memoria y una bíblica capacidad de conversar durante horas con una riqueza de lenguaje asombrosa, ha hecho de Antonio Basanta un imprescindible del universo lector español. Quedó claro mirando las caras de admiración, alegría y gozo de las decenas de personas – la mayoría amigas o deudoras del saber y buen hacer de Basanta durante décadas de profesión – que asistieron a la presentación de su libro, Leer contra la nada, editado con cariño por Ofelia Grande, directora de la editorial Siruela.

Una presentación – en el auditorio de Casa del Lector, claro, su casa – que en realidad fue un homenaje. Cuando hace unos meses, un año ya, Basanta dejó la dirección de la Fundación en manos de Luis González, lo hizo como es habitual en él: discreta y humildemente. Quedaba pendiente este reconocimiento que ahora se le ha tributado.

Y aunque el libro fue la excusa, este pequeño volumen es vital es sí mismo porque, como resaltaron algunos de los oradores que glosaron la figura de Basanta, “leerlo es como estar escuchando a Antonio”. Nace, pues, del yo más íntimo de este sabio, de su memoria – que es su identidad, como recuerda él mismo – y de su inagotable pasión y amor por los libros y por la lectura. Es una declaración de amor. Un “sin vosotros mi vida no hubiera tenido sentido”. A través de la lectura, de la comprensión lectora, Basanta articula su vida (en diferentes facetas: desde editor, hasta profesor pasando por activista de la actualidad y el futuro lector al frente de la Fundación) no solo al entorno del libro si no en el epicentro del universo de la página escrita. Y se esfuerza toda su vida en transmitir este amor por la lectura a todos los niveles: desde los más eruditos hasta los más profanos.

No es solo amor, por supuesto. Basanta sabe que solo a través de una buena comprensión lectora se puede formar a ciudadanos preparados para afrontar un futuro incierto, cambiante, donde el conocimiento será – ya lo es – la base para sociedades que destaquen en la jungla de sistema que hemos inventado. El conocimiento necesario no vendrá, de entrada, del conocimiento técnico o científico. Este no puede existir si antes no nace la comprensión lectora. Y esta no existe sin los libros. Sin el acto profundo, personal, individual de leer.

Leer, del verbo latino lego, infinitivo legere, tiene cuatro acepciones mágicamente conectadas con la lectura: cosechar (recoger lo sembrado, que es lo que hacemos los lectores); tejer (¿acaso un texto no se teje?); desplegar las velas (por metonimia, navegar, surcar por las historias); y un último significado concedido por los latinos: escoger, seleccionar. Queda todo dicho.

Todo esto y más, a través de su impagable verbo, nos cuenta Antonio Basanta en su libro. Un breve ensayo que contiene todos los ingredientes que alguien necesita para renovar su amor por la lectura o por atreverse a encontrarlo. Y perderse en él para siempre. Porque el que saborea una vez la pérdida de conciencia del tiempo y de la realidad al sumergirse en la historia escrita sabe que, por muchas vueltas que dé en la vida, nada, absolutamente nada, será tan placentero. Nunca más.

 

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