‘Siete ratones ciegos’ o el trabajo en equipo

Una historia del gran Ed Young construida sobre la importancia del conocimiento

Siete-ratones-ciegos-Ekaré

En la literatura infantil es común la práctica de adaptar fábulas o cuentos universales a un lenguaje más adecuado y cercano para los más pequeños. La obra que aquí acercamos articula su historia en torno a la fábula india de los tres ciegos y del elefante, de la que toma estructura y moraleja. Lo que cambian son los protagonistas, en este caso siete ratoncitos caracterizados por un color y un modo de ver la vida que nos ayudan a comprender un mensaje esencial.

Cómo conocer la realidad

Cuenta la fábula que unos hombres carentes de vista tocaron uno por uno a un elefante. Cada uno tocó una parte, asumiendo que el elefante era como la parte que habían palpado: alargado como la trompa, redondo como el lateral, con forma de columna como la pierna. La moraleja de la fábula reside en que sólo cuando se entiende que cada uno de ellos ha visto un fragmento comprensible dentro de un todo se aprehende la forma del elefante en su totalidad, al elefante en sí.

El autor de origen chino Ed Young sitúa a siete ratoncitos para ejemplificarlo: cada uno de ellos accederá a una parte del elefante y establecerá una comparación: “Es un pilar”, cuando Ratón Rojo sale el lunes y toca una pata; “Es una culebra” cuando Ratón Verde toca la trompa el martes… Y así hasta que los seis dan su visión, fragmentada en función de lo que creen tocar.

Será el domingo cuando el Ratón Blanco se acerque a ese Algo Muy Raro y, con las pistas de sus compañeros, decida recorrer esa incógnita en su totalidad, de punta a cabo, para entender por qué cada uno ha visto cosas tan diferentes. Al sumar todas las descripciones entiende que se trata de un elefante, e invita a todos los ratoncitos a que lo vean mediante las descripciones de los otros y mediante sus sentidos.

Un acierto visual

Bajo una apariencia premeditadamente austera, la editorial Ekaré (2001) nos acerca esta fábula con unas ilustraciones sencillas basadas en el cromatismo de los ratoncitos: cada uno tiene un color, y la parte del elefante a la que se acercan adopta ese color.  Sólo cuando se conocen todas las partes y se unen, el elefante se nos revelará como un todo cohesionado con un color marfil que ninguno de los ratones había podido notar. Así, el lector se mete dentro de una historia de estructura paralelística pero con un mensaje potentísimo, lo que permite que este libro sea contado tanto a los más pequeños como a niños de primer ciclo de primaria, edad con la que se comprende la profundidad del mensaje y con la que el álbum cobra relevancia.

Los fondos son negros, los elementos de colores. El escenario no importa, importan los personajes que intervienen en la acción y que son representados de manera monocromática y simplista. Lo que une a los siete ratones es su ceguera, espléndidamente resuelta mediante la representación de sus ojos en un blanco puro, aunque Ratón Blanco, de forma premeditada, tendrá los ojos algo más oscuros, simbolizando así, cómo su ceguera no es total al querer entender la pluralidad de lo que le rodea mediante la escucha y el tacto.

Uno de los puntos fuertes del libro es el posible uso que podría hacerse de él en diversas disciplinas escolares: en la asignatura de Plástica y Dibujo elaborar un proyecto por grupos donde cada uno se centre en una parte de un todo que sólo se conoce al final; en Lengua y Literatura, su lectura y el debate posterior sobre la importancia de ver las cosas desde diferentes puntos de vista y de la mirada crítica; en Matemáticas, cómo la suma de todos ellos da un nuevo número que se configura en una nueva realidad…. Las posibilidades son tantas como ganas se tenga de combinar los conceptos que tanto resuenan de aprendizaje cooperativo, interdisciplinariedad e inteligencias múltiples que permiten la asimilación de conceptos relevantes e interesantes como el que este álbum transmite.

Un autor discretamente popular

Ed Young, de origen chino, vivió en Estados Unidos desde los veinte años movido por la idea de estudiar arquitectura, camino que abandonó para dedicarse al arte ingresando en la Escuela de Arte de Los Ángeles, donde se graduó en ilustración.

Su obra está compuesta por más de cincuenta libros, una larga carrera iniciada en 1962 con The Mean Mouse and other mean stories y cuya obra más reciente es la que ha escrito e ilustrado Should you be a river (2015). En castellano, la traducción de sus obras ha sido muy escasa. Su estilo, que sigue los preceptos orientales de la sencillez y del poder de la imagen, es una bocanada de aire fresco y de rigor.

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