El mito del eterno retorno a la esencia del arte

La Casa Encendida programa dos exposiciones que resitúan la escena artística con la producción más joven

Imagen de la muestra '¡Vivan los campos libres de España!, de Antonio Ballester Moreno / Foto: La Casa Encendida

A preguntas de demonios enfrentaba Nietzsche al lector, con el demonio del eterno retorno que sobrevuela la condición humana de la evolución desbocada y sin límites aparentes. La Casa Encendida alberga dos exposiciones para la siguiente temporada hechizadas por tal situación: ¡Vivan los campos libres de España!, del 3 de febrero al 23 de abril; y Generación 2017, la exposición que presenta el arte más actual en este caso también desde el 3 de febrero y hasta el 16 de abril.

Ambas propuestas están concretadas por artistas herederos de las tradiciones enraizadas  (a favor o en contra) en la concepción capitalista del arte y la cultura. Nacidos a finales de la década de los setenta y en la de los ochenta, este grupo de artistas buscan un retorno a la esencia del arte y de la vida.

¡Vivan los campos libres de España!: Antonio Ballester Moreno

Bajo el amparo del artista español Alberto, Ballester Moreno nos invita a pasear por la naturaleza en las salas B y C. Las instalaciones comisariadas por Tania Pardo nos remiten a una atmósfera básica, sencilla, pero complejísima en la mente del autor. Reforzando con pasos lentos las bondades de la artesanía y de la relación íntima del trabajo manual, Ballester Moreno nos abre la puerta para estructurar con decisión el entorno básico de nuestra supervivencia: naturaleza, cosmos, sentidos, poesía…, sin entablar para ello un vínculo firme con el concepto definido de lo individual. Los patos serán escuadras o los hongos arcilla, pero ante una estructura mágica de geometrías agrestes el espectador está invitado a crear su propia simulación de lo natural, del entorno y quizá pueda así estar capacitado para exclamar como Alberto ¡Vivan los campos libres de España!

Generación 2017, la exposición que presenta el arte más actual

La Fundación Montemadrid convoca un año más Generaciones, plataforma artística dirigida a los creadores menores de 35 años. A la cita están convocados desde el año 2000 los creadores españoles o residentes en España, con el objetivo de mostrar sus trabajos a la crítica y público, además de dotarles con una ayuda económica.

Generaciones 2017, exposición colectiva comisariada por Ignacio Cabrero y que se puede visitar en las salas D y E, es la reunión de los creadores que exclaman por una nueva concepción de la sociedad. Por el retorno a la base: a la magia, al juego, a lo inconcebido.

Como Rosana Antolí, que presenta F = P.e / 1, instalación que juega con la geometría de la materia, el movimiento y los sentidos. Considerando la matemática como hilo conductor, la coreografía se convierte en el ejecutante de una pieza visual y sonora. Non Unísono, es el proyecto presentado por Fito Conesa, en la que habla del tiempo de la metamorfosis y la imposibilidad de la mente humana de resolver tal misterio. David Crespo, por su parte, nos invita a interactuar en su instalación lúdica El juego de la Hiena. Retomando un antiguo pasatiempo del continente africano, el artista une lazos con el camino que emprende el emigrado africano para llegar a Europa acompañado en todo momento por la idea opresora de la hiena.

June Crespo presenta la instalación escultórica S/H (Fuerzas Felices). En esta ocasión la artista ha jugado a recomponer sus piezas en un entramado inédito que suma fuerza a sus esculturas de cemento, textil, cerámica y resina. Y Diego Delas transforma su obra 2000 toneladas de mármol en una construcción mágica y emblemática. Construyendo con elementos propios de la superstición evoca el delirio de Raldoph Hearst. Mientras, Carlos Fernández-Pello somete al espectador a una crítica a la teoría del arte actual por medio de Marco de referencia. O tres modelos para apreciar el discurso como forma. Su instalación remite al posicionamiento del discurso construido dentro del arte.

Souvenirs of Future Nostalgia es el título de la instalación en la que Marian Garrido propone un juego de alquimia futurista al visitante. Invita a descubrir un relato cuyos rastros convenidos han sido una serie de objetos construidos en púrpura Han, el material que colapsa las dimensiones. Nos pasamos al soporte cinematográfico: el primer cortometraje de Blanca Gracia, Acmé en dos variaciones, se resuelve con dos posibles finales. Integrado en la herencia del juglar, la artista analiza el carácter cíclico de la historia por medio de la ficción creada por actores amateurs y animación. Rubén Grilo reta al visitante a un juego inesperado en Noone, Allness. Grilo cuestiona la autoría del arte sometiendo el espacio expositivo a la impresión digital de una figura invisible. Encontrar las huellas anónimas dejadas por el artista es la propia instalación. Y por último, Shadowwriting, de Lorenzo Sandoval, rememora el momento en que una idea nace para mucho más tarde convertirse en un imprescindible del ser humano. Fotografía y computación se encuentran en esta instalación como cooperadoras necesarias en la distribución de imágenes en la actualidad.

Como valor añadido, el comisario Ignacio Cabrero da algunas pistas más para seguir el juego en las salas. Varios objetos se transfieren de una instalación a otra, y algún motivo se repite en todas. En manos del visitante está participar de ello.