Lucía Casani: “Analizamos el presente para mejorar el futuro pero con humor”

Entrevistamos a la directora de uno de los centros culturales más genuinos de España situado aquí, en Arganzuela

Lucía Casani es parte de La Casa Encendida desde su fundación como centro cultural. En la imagen, en un momento de la entrevista

Entrevistar a Lucía Casani es encontrarse con la esencia de La Casa Encendida. La directora de este centro cultural y social no sólo tiene una trayectoria profesional pareja a la del propio centro, si no que transmite la cercanía, la espontaneidad y la sinceridad de La Casa Encendida. Casani (Madrid,1978) se incorpora al equipo de cultura del recién fundado centro cultural La Casa Encendida en el año 2002 para poner en marcha el área de audiovisuales que coordina hasta el 2009. Desde 2010, tomando el relevo de José Guirao, es nombrada directora del centro. Hablamos con ella sobre el papel de La Casa Encendida en el panorama cultural madrileño y de cómo cohesionar vanguardia y servicio público.

La Línea Amarilla (LLA): Aparentemente las trayectorias de La Casa Encendida y Lucía Casani son prácticamente paralelas…

Lucía Casani (LC): Pues sí. El primer equipo que se forma de La Casa Encendida es muy joven y yo empiezo en él prácticamente al acabar la carrera universitaria. Fue muy interesante empezar en la creación de un centro nuevo, de formar parte de algo que se inicia y en el que de alguna manera pusimos mucho de nosotros mismos porque era una aventura que empezaba de cero. Y luego, deentro de la propia “casa”, he tenido diferentes puestos que me han dado la oportunidad de ampliar mi visión y de trabajar diferentes temas. Ya son 14 años.

LLA: ¿Cómo fue la irrupción de La Casa Encendida en Madrid?

LC: Buenos, heredamos las cuatro líneas de trabajo en las que estaba trabajando en ese momento la Obra Social Caja Madrid. Lo cual nos ha dado una personalidad diferente de otros centros solamente culturales, ya que nosotros puesto trabajamos medio ambiente, solidaridad, cultura y educación. Eso para empezar. Para la creación de la “casa” Caja Madrid selecciona a José Guirao como director. José Guirao tenía una trayectoria muy importante. Había estado como director del Reina Sofía seis años, venía de haber sido director de Bellas Artes. Un curriculum y una profesionalidad sin tacha, un gestor cultural de primera línea. Y a Guirao le apetece la frescura de un equipo que acabe de terminar sus estudios, bien formados, con ganas. Tuvimos la posibilidad de trabajar en un proyecto de cultura con una cabeza abierta, donde no pasa nada. Experimentamos en una edad en la que realmente la programación que queríamos hacer era todo lo que no veíamos en la ciudad. Ahora hay muchas más ofertas, hay diferentes espacios que no existían en ese momento. El análisis fue como “bueno, ¿qué no hay en Madrid?”. Y ahí empezamos a trabajar. En ese sentido empezamos a trabajar de forma experimental. Ya estamos más acostumbrados a que la música electrónica aparezca en instituciones y museos, pero en ese momento eran esas cosas que veías cuando viajabas a un Londres y a un Berlin. Queríamos tenerlo en Madrid porque era importante.

LLA: Sois un claro dinamizador de la cultura contemporánea…

LC: Se trata de estar conectado con la cultura contemporánea en España, donde siempre vamos varios años por detrás. Hay que estar alerta a lo que está pasando fuera. Y por otro lado está la pata de no descuidar lo que está pasando cerca de nosotros. Por lo que debemos de estar siempre muy conscientes por una parte de conectar con el ámbito internacional como un centro cultural de primera línea, un museo potente, pero a la vez no descuidar las cosas que pasan a nuestro lado. Estamos trabajando constantemente en no dejar de lado esa especie de balanza en la que consideramos muy importante el poder ver aquí, a la vuelta de la esquina, esos proyectos que cuando viajas te llaman la atención. Pero por otro lado también darle impulso y conseguir que los artistas locales se den a conocer realmente. Mantenemos esa especie de dualidad entre lo local y lo global.

LLA: Una dualidad que, imagino, se mantiene en cuanto al tipo de público al que os dirigís. ¿Cuál es el público que acude a La Casa Encendida?

LC: Depende de las horas del día y de las actividades que estén ocurriendo. En la mezcla entre el centro cultural de vanguardia y experimental y lo que es un centro cultural de barrio es en lo que estamos moviéndonos todo el rato. Jamás seremos nosotros los que digamos que no a un público y de hecho tenemos una política de precios muy bajos. Son cuestiones que trabajamos para que de alguna manera aquello que programamos sea accesible a todo el mundo. Ahora, que tengan o no el interés de venir, en ese sentido no podemos hacer más. Sin embargo, hay una serie de servicios que ofrece La Casa Encendida que sí están atrayendo a la gente del barrio. Por ejemplo, el servicio de biblioteca, mediateca, conexión a internet, ofimática que tenemos en la primera planta. También tenemos talleres de informática. Tenemos por un lado talleres de Final Cut, After Effects, Photoshop y software para creativos o gente más joven, pero también tienes talleres de uso básico de ofimática o cursos gratuitos de español para inmigrantes. Hay un montón de cosas pequeñitas que tampoco se conocen tanto porque no es la cara tan visible. Nos dicen que nuestro público es gente joven y modernos. Sí, eso existe pero hay una parte de barrio. A mí me gustan esos contrastes que ocurren. Este sito es muy curioso, porque puedes tener unos techies en el laboratorio de creación digital y bajando hay un homeless en la primera planta. Yo veo a gente que viene aquí todos los días y gente de todos los tipos. Nosotros somos un espacio humano. Nuestros aforos y espacios son de dimensiones humanas. Por eso me gusta mucho la metáfora de “casa”, la idea es que la gente se sienta cómoda.

LLA: Pero seguimos teniendo una brecha importante entre la población respecto al acceso al arte contemporáneo. ¿Cómo lo analizas desde tu atalaya como directora de un centro cultural de vanguardia?

LC: Es el eterno debate. Parte importante es la educación y hasta que no tengamos esa batalla ganada no hay nada que hacer. Pero encima parece que vamos para atrás. Nos están quitando las artes, la filosofía, todas esas materias que ahora parecen marías y que al final es lo que da una base de pensamiento. Sobre todo es una apertura de mente. Tener la capacidad, sin la necesidad de ser un erudito. En el caso de La Casa Encendida lo que me interesa es que lo que programamos esté a varios niveles. Que el que tenga interés se pueda acercar y se pueda enterar de que va y generar curiosidad. Tenemos casos bonitos. Gente que se va uniendo. Esas cosas me emocionan. Gente que viene a todas las exposiciones, películas, encuentros. Para eso trabajamos.

LLA: Y en este equilibrio que buscáis, ¿cuáles son vuestras principales líneas de actuación?

LC: Todo emerge al tratar de analizar el presente para mejorar el futuro entendiendo lo que está pasando. Este espectro es muy amplio y por eso hay que intentar detectar los asuntos que nos interesa analizar. Es muy dinámico, fluido e incluso intuitivo. Lo que está pasando hoy es lo que queremos entender o en lo que queremos fijar la atención. De hecho yo diría que buscamos analizar el presente para mejorar el futuro pero riéndonos un poco. El hecho de que tengamos cuatro áreas ayuda bastante porque, por ejemplo, desde el área cultural analizamos la performance contemporánea y eso tiene un eco muy interesante con algo que se está haciendo desde el área de solidaridad. Exteriormente no se ve como un hilo de interconexión, pero existe. Analizamos conflictos en el mundo, asisten premios Nobel de la Paz, o reflexionamos sobre música experimental. Parece muy dispar pero todo son procesos para entender el presente. Esa es nuestra línea fuerte. Entender cómo y por qué. Para ello hay que arriesgar programando con actos de los que no estás segura, con formatos con los que a lo mejor te equivocas, pero eso es parte del proceso para entender el hoy.

LLA: ¿Percibes este atrevimiento en la gestión cultural aquí en Madrid? ¿Cómo ves la situación en la ciudad?

LC: Madrid tiene una oferta cultural espectacular. Yo no tengo tiempo de ir a todos los eventos interesantes que ocurren. Creo que la crisis ha sido dramática pero por otra parte están surgiendo muchas propuestas imaginativas, underground. Hay millones de pequeñas cosas que también están funcionando. Pero sigue habiendo muchos vacíos. El problema es de hacia dónde se enfoca la inversión en cultura. En Barcelona y en Euskadi están enfocados a esa parte de producción. Programan a sus artistas y tienen lobbies y plataformas que apoyan a sus artistas internacionalmente. Aquí es todo mucho más difuso. Estamos rodeadas de gente que lo pasa muy mal. No hay plataformas en las que puedas desarrollar tus trabajos de una manera mucho más experimental. Realmente, si está mejorando es por el esfuerzo del underground y de la gente que se está trabajando sin ningún apoyo. Además en Madrid no tenemos una cohesión. Pasan muchas cosas de las que no te enteras y la oferta es espectacular. No hay una política cultural de apoyo, aunque parece que está empezando poco a poco.

LLA: Quizás se trabaja poco en red y el resultado es esta falta de cohesión que comentas. Desde La Casa Encendida, ¿existe trabajo en red con otros centros que tenéis cerca especialmente con los que hay en Arganzuela como el Reina Sofía o Matadero Madrid?

LC: Pues mira, en Madrid, a pesar de llevarnos muy bien y de ser un mundillo en el que todos nos conocemos y compartimos experiencias, a nivel de programación es más complicado porque no tiene tanto sentido programar en dos sitios a la vez. Yo lo veo más a nivel nacional e internacional. Sin embargo, hay determinadas temáticas o festivales que se comparten. En el caso de Capital Animal, aunque el impulso fuerte fue desde la “casa”, se trataba de un colectivo externo y ellos también movilizaron a otras instituciones. Cuando viene alguien externo tratamos de hacerlo. Como Filmadrid, donde hemos tenido sesiones de cine asumiendo nosotros la parte más experimental pero donde también había proyecciones en la Cineteca o en el Reina Sofía. Es más el agente externo el que quiere programar en diferentes sitios. Porque  a veces cuesta más programas conjuntos y parece que confundes a la gente.

LLA: Lucía, ¿qué nos sugieres para este otoño dentro de la programación de la “casa“?

LC: Centrándonos solo en la pata de arte contemporáneo, en otoño inauguramos dos exposiciones: El curso natural de las cosas, una exposición sobre arte y naturaleza de artistas muy interesantes, internacionales y nacionales, contemporáneos que en muchos casos están haciendo producciones propias de intervención y de experiencia. Y en las dos salas de abajo traemos un artista desconocido pero que viene trabajando desde los años sesenta. Un artista americano de Los Ángeles: B.Wurtz. Es un artista minimalista conceptual, que utiliza objetos cotidianos de su vida para realizar sus obras, como bolsas de plástico, platos en los que ha comido, etc. Son obras preciosas. Pero son todos elementos que desechas. Arte de lo cotidiano. Son dos exposiciones que van a funcionar muy bien juntas.