Encendiendo la temporada de otoño

La Casa Encendida invita a una vuelta a los orígenes con sus propuestas artísticas para este último trimestre del año

Una de las imágenes que conforman la muestra 'Conflicto de fronteras' / Foto: Igor Pavicevic

Por fin empieza el otoño climatológico e innovador. Adiós calores, hola eventos de hojas rojizas, caducas o no. La ciudad conspira para que el habitante sedado por el calor se enzarce en esos debates que espabilan neuronas. Y de disputas neuronales se trata en la nueva temporada de La Casa Encendida. Tres propuestas que “encienden el pelo”: Conflictos de fronteras, El curso natural de las cosas y B. Wurtz, obras escogidas, 1970-2015. Para todas las sensibilidades, o aún mejor, para alimentar la estratificación individual y personal del gusto.

Conflicto de fronteras, Le Monde Diplomatique sigue en el campo de batalla

En los espacios comunes de la segunda planta nos encontramos hasta el 5 de enero con los paneles que acercan al visitante una de las realidades determinantes de nuestro planeta, los conflictos fronterizos. El periódico mensual Le Monde Diplomatique en su versión en castellano y la Fundación Mondiplo colaboran desde hace años con La Casa Encendida en la difusión de temas candentes.

En esta ocasión los gráficos y mapas del atlas Conflictos de Fronteras se ofrecen para la mejor comprensión de los acontecimientos mundiales. En palabras de Ferrán Montesa, comisario de la exposición y director de Le Monde Diplomatique en su versión castellana, “las fronteras siempre están relacionadas con los conflictos, (…) en relación con formas variables de movilidad, de ahí que la frontera, como línea de demarcación, no sea algo en sí mismo si no de manera relativa a los movimientos”. En la exposición se hace un recorrido a través de las transformaciones históricas sufridas en las cartografía teniendo en cuenta los intereses y las disputas sufridas, además de analizar cómo nos afecta en la actualidad. De este modo nos recuerda Montesa que “la situación actual no deja de ser consecuencia del devenir histórico”.

B. Wurtz, obras escogidas, 1970-2015, sobre la sociedad del consumo

Las obras de B. Wurtz estarán hasta el 8 de enero en las salas D y E de La Casa Encendida. El artista estadounidense utiliza para su producción lo que Laurence Sillars, comisario de la exposición, llama “objetos invisibles”, cosas del uso cotidiano intervenidas sólo en las líneas, formas y colores. Materiales de desecho vinculados con tres categorías principales: la ropa, el refugio y la alimentación. Inmerso en la sociedad del consumo, el hecho de que el artista intercambie materiales dejando de lado el bronce, el mármol, y otras materias históricamente vinculadas al arte, para fabricar artefactos con bolsas de plástico, latas de conservas o botones solitarios, confiere a la producción de B. Wurtz un interés especial y un riesgo específico.

Define Claude Lévi-Strauss al artista en su dualidad de sabio y de bricoleur, puesto que “con medios artesanales confecciona un objeto material que es al mismo tiempo objeto de conocimiento”. Observando con detenimiento el trabajo de B. Wurtz y obviando la delicadeza seductora de sus obras se puede decir que nos encontramos con un bricoleur en sentido estricto que con el paso del tiempo ha olvidado al sabio. Convertido y sometido al mensaje inicial del propio objeto de desecho, se ha dado a la recolección de objetos que ‘de algo habrán de servir’. Quizá Wurtz ha evolucionado con los objetos encontrados en una línea ascendente de superficialidad como los hábitos del ciudadano medio en su comprar-usar-tirar diario.

El curso natural de las cosas, la pausa del crear

La eterna vuelta a las formas y consistencia de la naturaleza se expone hasta el 8 de enero en las salas A, B y C. Inspirándose en una autodefinición de Joan Miró a Yvon Taillandier “yo trabajo como un hortelano”, Tania Pardo, la comisaria de la muestra, ha construido una exposición redonda, mostrando a la perfección la esencia del fluir. Quince artistas reunidos bajo la premisa de la pausa y las formas sencillas.

Elena Aitzkoa representa un mundo de pequeños objetos que hilvanan entre si una creación independiente de la materia prima; Francis Alÿs, representado por su célebre video “Cuando la fe mueve montañas”; Polly Apfelbaum y su composición concéntrica de manchas de terciopelo; Fernando Buenache y la contundencia del lenguaje plástico cuando es autodidacta y libre; herman de vries con su exquisita humildad de recolector preciosista; Fernando García con la colaboración elemental del mar Mediterráneo; Irene Grau, perturbadora del paisaje a base de pigmentos; Federico Guzmán y su obra en tránsito dentro del mapamundi; Milena Muzquiz con la poesía cerámica; Nicolás Paris invita a deambular por su instalación de ‘tierra mojada’; Matthew Ronay, difundidor de color bajo formas orgánicas; Karin Ruggaber, arquitecta de paisajes imposibles; Adolfo Schlosser con un mensaje numerológico; Daniel Steegmans Mangrané jugando con los reflejos del objeto natural; y Betty Woodman y sus dibujos mostrados en el interior de las formas geométricas.

Tania Pardo descarga un mensaje de distensión emocional. Invita a un recorrido de una armonía melódica bien estudiada y definida. Como si de un viaje a través de las diferentes regiones naturales se tratara, el transcurrir entre las obras resulta amable e instructivo.

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