Emily Hughes y su ideario salvaje

Nos acercamos a la autora de 'Salvaje', 'El pequeño jardinero' y 'Osos', una de las ilustradoras noveles más prometedoras

Si hace dos años hubiésemos llegado a pedir una obra de Emily Hughes en la sección de literatura infantil y juvenil, los ojos del librero se habrían salido de sus órbitas tanto por la sorpresa como por el desconocimiento. Eso cambió el año pasado cuando la autora aterrizó en España con el  revolucionario Salvaje (Libros del Zorro Rojo, 2015), un álbum ilustrado que arrasó entre el público infantil y adulto y que se hizo con el prestigioso Premi Llibreter ese mismo año. Hughes continúa presente en las estanterías dedicadas a los libros ilustrados gracias al radicalmente diferente El pequeño jardinero (La pequeña Impedimenta, 2016).

La revisión del mito del buen salvaje

Como lectores y espectadores de libros y películas estamos familiarizados con la historia de un bebé que, abandonado a su suerte en el bosque, es criado por unos animales con los que establece un vínculo familiar que le proporciona todo lo que necesita, como es el caso de los ejemplos conocidos por las adaptaciones de la factoría Disney Tarzan o Mowgli. Llega un punto de su vida en que sienten curiosidad por una sociedad humana a la que tienen acceso gracias al encuentro con un humano que despierta su curiosidad. En el caso de Mogwli, será atraído a la civilización que luego le acogerá y, en el caso de Tarzán, será la fusión de ambos mundos lo que se consiga al final del largometraje. Emily Hughes recoge esta historia del buen salvaje pero de una manera muy diferente y mucho más interesante.

En su álbum, vemos cómo el bebé es criado amorosamente por todos los animales de la selva hasta que aparece un ser humano que, convencido de que debe ser llevada con los de su especie, saca a la niña de su entorno y la intenta insertar en la sociedad. Con un humor basado en el contraste barbarie-civilización, la pequeña no entiende absolutamente ninguno de los comportamientos que estos nuevos seres llevan a cabo, lo que hace que eche aún más en falta la libertad con la que se ha criado y los animales que han velado por ella desde su infancia. La grandeza del libro reside en que el hombre que la saca de la selva es el mismo que, rendido, vuelve a insertarla en ese entorno donde ella creció, ahora convencido de que “no se puede domar algo tan felizmente salvaje”.

La educación en el mundo incivilizado

Contrario a lo que se pueda pensar desde una óptica civilizada a la pequeña se le muestran todos los conocimientos necesarios  para que se desenvuelva en su vida  diaria y en el bosque: el idioma de los pájaros, las técnicas para cazar y comer que usan los osos o cómo se puede jugar gracias a la sabiduría del zorro, todas ellas destrezas que hacen de esta niña un ser vivo feliz y capacitado. Cuando llega a la ciudad y ve estas habilidades llevadas a cabo por los humanos, se da cuenta de lo inservibles e inútiles que son desde su punto de vista y de la extrañeza que provoca lo que ella había aprendido en todos ellos, hasta el punto de hacer prácticamente imposible la convivencia entre su libertad y las normas con las que es obligada a coexistir.

Cuando no puede con más imposiciones sociales, la pequeña salvaje se rebela y decide volver allí a donde era feliz, donde se sentía viva y libre, llevándose además consigo a los animales domesticados (gato y perro) que juegan al final con otros animales salvajes. El bosque se dibuja así como el entorno ideal para que esta humana, salvaje por naturaleza, viva con los suyos y sea feliz, lo que hace de este libro una metáfora perfecta de lo importante que es ser uno mismo, seguir aquello que nos hace felices y buscar el entorno donde nos sentimos aceptados por los nuestros y, en ningún caso, encerrados en un mundo al que no pertenecemos tanto por sus normas como por su valores o convenciones.

Es interesante leer esta entrevista, dado que en ella la autora explica la motivación de la historia, el proceso creativo y la importancia de ponerse también del lado de los adultos, inmersos en un mundo al que la niña no pertenece pero en el que se tienen que desenvolver y que quedan diluidos al lado de un torrente tan enérgico y carismático como es la pequeña salvaje.

Una continuación de menor profundidad

A este bombazo editorial que la autora creó con sólo 23 años le ha seguido otra historia donde sus personales trazo y gama cromática se rastrean desde la portada. El pequeño jardinero, otro niño enmarcado en un entorno dominado por la vegetación, está decidido a cuidar de su jardín y hacer que sea bonito, algo que parece muy complicado porque no logra que surjan flores. Un día, en medio de esa enorme maraña de malas hierbas, aparece una reluciente flor amarilla, la cual atrae la atención de una niña que decide ayudarle a cuidar el jardín. Con los valores de la perserverancia y del trabajo, es un álbum mucho menos valiente que Salvaje pero que alberga unas ilustraciones dignas de ser contempladas con detenimiento, buscando entre los colores verdes y ocres a la lombriz que acompaña al jardinero o incluso, a buscar al pequeño jardinero en medio de ese inmenso lugar que muchas veces se dibuja ante el lector como un laberinto.

Es interesante destacar también la reciente publicación de su tercera obra como ilustradora (el autor es Sean Taylor): Osos (Libros del Zorro Rojo, 2016) en torno a la relación padre e hijo, representados como ositos que viven en un bosque.

Reflexiones para todas las edades

Emily Hughes, autora hawaiana afincada en Londres, publica en su página personal dibujos y bocetos que nos permiten asomarnos a su ideario y a sus producciones, algo especialmente interesante mientras esperamos sus próximas obras de las que aún no tenemos noticia. Ha creado dos obras de gran calidad, una que nos invita a ser nosotros mismos  y a huir de los roles que otros nos imponen, y otra que nos recuerda el valor del esfuerzo y de la perseverancia, ambos imprescindibles y necesarios especialmente en los más pequeños de la casa.

Tampoco vendría mal que los adultos nos acercásemos a nuestra pequeña “salvaje” interior  y nos preguntásemos hace cuánto que las normas de los demás nos hacen sentir enjaulados o hace cuánto no seguimos los impulsos de nuestro corazón, pero, sobre todo, cómo podemos seguir el ejemplo de esta pequeña heroína en nuestra vida diaria e inculcárselo a los pequeños que nos rodean para ser más felices y auténticos con nuestra realidad.

Edad recomendada: a partir de 6 años