Darío Facal: “Un clásico tiene vigencia si se lee con honestidad y sin solemnidad”

Entrevistamos a uno de los directores más atrevidos estéticamente a pocos días de terminar su 'Sueño de una noche de verano' en Matadero

Darío Facal, en un momento de la entrevista / Foto: NR

Darío Facal (Madrid, 1978) está exultante. Tras su Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, de García Lorca, ahora ha conseguido traer a Matadero, a las Naves del Español, su versión de Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare. Y está exultante no solo por regresar a las Naves (la temporada pasada dirigió su particular visión de Las amistades peligrosas, de Choderlos de Laclos), sino por hacerlo precisamente con esta obra: “Siempre pensé que cuando me atreviese a dirigir Shakespeare, que es un autor que me produce mucho respeto, sería esta obra la que dirigiría”. Facal es uno de los directores de escena que despiertan más interés por lo arriesgado de sus montajes. Formado en España, Estados Unidos y Francia, este dramaturgo y docente, fundador de la compañía Metatarso en 2003, nos cuenta por qué Shalespeare y por qué el Sueño de una noche de verano.

Darío Facal (DF): Es un texto del que siempre me he querido preservar para llegar fresco cuando llegase el día de ponerlo en escena. Porque es una obra que siempre he pensado que iba a dirigir algún día.

La Línea Amarilla (LLA): ¿Por qué?

DF: Es una obra de la que estoy enamorado desde que empecé a estudiar teatro. No sé por qué. Bueno, sí que lo sé, en realidad. Siempre pensé que cuando me atreviese a dirigir Shakespeare, que es un autor que me produce mucho respeto, sería esta obra la que dirigiría. Porque, y ahora lo he vivido, Shakespeare te pone en situaciones muy difíciles de resolver como director: transiciones, problemas narrativos, cómo hacer justicia a la obra, cómo mantener la dimensión intelectual sin perder la dimensión festiva en el caso del Sueño… mantener el equilibrio que Shakespeare consigue en sus obras.

LLA:  Te han definido como uno de los directores contemporáneos más rompedores en cuanto a búsqueda de lenguajes. Y es curioso porque otro ‘rompedor’ de la escena, Calixto Bieito, también escogió hace 25 años el Sueño de una noche de verano para estrenarlo en el Grec de Barcelona [1991]. ¿Es una obra que os atrae a los que buscáis cosas nuevas en Shakespeare?

DF: Supongo que vamos persiguiendo textos que te den oportunidades plásticas. La oportunidad de dimensionar la parte plástica. Hay textos que son extraordinarios pero que no necesitan de tu mano en este sentido. Por ejemplo, Yasmina Reza es una autora que admiro pero sus textos son autosuficientes, funcionan por ellos mismos, al menos desde mi sensibilidad. No veo como director qué puedo aportar que no tenga ya el texto.

LLA: ¿Esto es lo que aporta esta versión del Sueño?

DF: Bueno…  e intuyo que el humor. Yo veo un gran sentido del humor. La parte poética del texto creo que hace que algunos montajes no se atrevan a entrar en este humor más explícito. Por ejemplo la parte psicotrópica del Sueño. Me parecía divertido que el espectador pudiera participar de eso a través de esas gafas 3D que repartimos. Para mí es una celebración del teatro, con la trama metateatral”.

LLA: ¿Cuál ha sido el mayor problema con el que te has encontrado a la hora de poner en escena esta comedia de Shalespeare?

DF: Para mí el gran reto con el Sueño es intentar reconciliar experimentación escénica y nuevos lenguajes con comedia, que es algo francamente complicado. Parece que el teatro experimental está asociado a planteamientos más reflexivos. Hay algo, sobre todo en España, muy crítico con la comedia. Parece que si te ríes has banalizado lo que cuentas.

LLA: Quizás el problema es el ‘miedo’ con el que a veces se afronta la puesta en escena de un clásico, ese gran ‘palabro’ que nadie sabe muy bien cómo definir…

DF: Repetimos todo el rato lo de la modernidad de los clásicos que es algo… en fin, si repites todo el rato algo significa que los clásicos son modernos y punto. Para mí lo que hace que una lectura de un clásico tenga vigencia es leerlo con honestidad y sin solemnidad. En cuanto le metes la solemnidad de ser un clásico, acabas de destruirlo. Cuando Shakespeare escribe esto, no era un clásico. Era una relación de inmediatez con el público que a mí me parece que es necesario recuperar. Hay cosas que se suponen que deberían estar y que no es cierto, desde mi punto de vista

LLA: ¿Por ejemplo?

DF:  Pues por ejemplo el carácter Disney que acompaña la lectura del Sueño muchas veces no debería estar, al menos no como una cosa seria. Son filtraciones que vienen de un romanticismo decimonónico o de una lectura victoriana, cuando de repente empieza a haber una fascinación por las hadas y todo su mundo. Yo parto de la base de que no sabemos qué quería decir el autor. No tenemos ni idea de lo que Shakespeare pretendía. Aun así, tampoco tendríamos que hacerle mucho caso porque ha pasado mucho tiempo y lo que quería decir el autor no es lo que nosotros queríamos decir.

LLA: ¿Cómo afrontas el trabajo de los personajes?

DF: Para mí es fundamental pensar que los personajes son inteligentes, es decir, son engañados pero también se dejan engañar. Y mienten. Por ejemplo, cuando yo llamo a Emilio Gaviria para el personaje de Puck, me dice: ‘yo no puedo hacer Puck. Puck es un personaje rápido y ligero y yo camino muy mal’. Yo le dije que ese era el Puck que él tenía en la cabeza pero que cuando Puck dice que recorre la Tierra en 40 minutos está mintiendo, ironizando, por qué no.

LLA: ¿Tienes los actores que querías?

DF:  Desde luego. Cuando me enfrento a algo así, necesito saber que tengo a los actores y actrices que quiero. Hablé Con Carme [Conesa] y con Emilio [Gaviría]. Siendo así, ya hablo con el resto del elenco. Era determinante que Carme y Emilio estuvieran, sin ellos no hubiese hecho el montaje. Emilio le da a Puck un carácter mucho más oscuro, perverso por sus características físicas que le alejan de otros montajes más Disney’.