Versos en voz alta, poetas silenciadas

La Casa Encendida y la editorial Huerga&Fierro recuperaron a artistas de la generación del '27 para celebrar el Día de la Mujer

Imagen del documental 'Las sin sombrero, de Tània Balló, y que RTVE emitió el pasado 4 de marzo en su programa 'Imprescindibles'

La memoria es injusta, ya se sabe. Pero hay pequeños desagravios que ponen las cosas en su sitio. El acto que se celebró -sí, fue una celebración- el 8 de marzo en La Casa Encendida, organizado por la Editorial Huerga&Fierro, acabó convirtiéndose en una sencilla pero necesaria enmienda a la historia oficial, esa historia recogida en los libros que condenó al olvido a las mujeres que osaron escribir poesía junto a los grandes nombres de la Generación del 27.

Ellas se codearon con Lorca, Alberti, Salinas y Aleixandre, pero nunca obtuvieron el reconocimiento otorgado a sus compañeros de generación. En homenaje a las silenciadas en el escenario se leyeron y se cantaron algunos de sus versos, junto a otros de jóvenes poetas que hoy buscan su lugar en el mundo a golpe de palabra.

No hagas de mí tu centro / no me lleves por bandera / que mi luz no te ciegue / ni mis besos te callen.

Cédeme rincones, / avenidas, portales / pero guárdate lugares / en los que yo no entre.

La autora de estos versos (fragmento de Advertencia, recogido en el libro Palabras para salvarse), Sara Zapata, reivindicó a las “invisibles a las que apenas se nombra”, con un poema de Concha Méndez (Madrid, 1898-México, 1986), la misma a cuyos versos han puesto música los cantautores Rafa Mora y Moncho Otero, que desde hace años se dedican a difundir la obra de algunas de esas poetas que vivieron y escribieron en torno a la Generación del 27, y a los que se puede ver de forma habitual en el Café Libertad 8 con el espectáculo Versos sobre el pentagrama.

A la guitarra interpretaron a Pilar de Valderrama (1889-1979), cuyo nombre resulta desconocido para la mayoría pese a su nutrida obra poética y teatral encuadrada en el postmodernismo y que no fue otra que la Guiomar de Machado, el gran amor de madurez del poeta:

Y en la tersa arena / cerca de la mar / tu carne rosa y morena, / súbitamente, Guiomar.

Entre acorde y acorde contaron también que cuando la escritora granadina Pepa Merlo se documentaba para Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la generación del 27 (Ed. Fundación José Manuel Lara), se topó con un renombrado literato que le advirtió de que por mucho que buscara no iba a encontrar “ni a una sola cuya obra merezca la pena”. Prometieron que algún día con unas cañas dirán quién fue el susodicho.

Para conocer cuán equivocados están quienes minusvaloran el universo de estas creadoras conviene adentrarse en el documental Las Sinsombrero, dirigido por Tània Balló, una producción integrada en un proyecto pionero que a través de diferentes plataformas se ha empeñado en recuperar y divulgar el legado de las mujeres olvidadas del 27, poetas y artistas como Josefina de la Torre, Maruja Mallo, Ernestina de Champourcín y tantas otras que con su activismo dinamitaron las convenciones culturales de los años 20 y 30.

Pero volvamos al acto de La Casa Encendida. Una fiesta reivindicativa era y como tal, además de una heterogénea lectura poética en la que también participaron Violeta Nicolás, Rosa Silveiro, Isla Correyero, Ángel Muñoz y María Castrejón –esta última responsable además de la coordinación del evento y receptora de aplausos entusiastas cuando dedicó sus poemas militantes a “quienes piensan que las mujeres solo somos un coño”-, la velada literaria acabó con más música de la mano de la sorprendente Bel. Una cantante que lo mismo saca ritmos imposibles con su cuerpo y la guitarra -por algo perteneció a la compañía de percusión Mayumaná-, que imita el sonido de una trompeta con su voz, y que contagió a la sala de regocijo sin más motivo que el de haber compartido versos en voz alta en memoria de las poetas silenciadas.