Planeta Arco: de un fin de semana en Madrid

Una reflexión crítica sobre las ferias de arte cuando pretenden ser algo más que una feria

Leticia Palomo, responsable de En Vanguardia en La Línea Amarilla

'Mutagénesis', de la artista Anamusna. Expuesta en We Are Fair / Foto: Álvaro Sánchez

Se pronosticaba tempestad para el fin de semana pasado. Vientos y lluvias recomendaban quedarse en casa al cariñoso abrigo de una manta y el fulgor adormecedor del aparato que reina en cada hogar. Ese era el plan perfecto del ciudadano cauto. Pero en estos días ya no se puede ser ni siquiera cauto. El acontecimiento cultural del invierno había impactado contra la villa de Madrid. El planeta Arco acompañado de todos sus satélites había creado el polvo y el terremoto mediático necesario para que todos debiéramos acudir como moscas.

Paraguas e indumentaria estrafalaria. Nada más fue necesario para ser el transeúnte perfecto de las ferias siderales. Arco y sus acompañantes: JustMad, ArtMadrid, Jääl, Casa Leibniz, We Are Fair, Drawing Room. Quizá demasiados satélites (unos naturales y otros artificiales) para un planeta así. Pero su llegada convulsionó la ciudad tanto o más de lo que se esperaba. Hoteles hasta los topes y restaurantes en los que comer era una quimera sin previa reserva. Madrid hervía bajo la lluvia y el frío.

Pasado el tiempo de rigor para entrar en tal o cual feria. Pagado el importen más o menos caro… ¡Déjate ver! Las ferias de la capital se han convertido en un acontecimiento social más que en el simple mercado del arte que pretendían ser. Intelectuales, “posturetas” y amantes del selfie en general aprovechan esta ocasión para peregrinar de un punto a otro del mapa en los que se suceden estos eventos. Mucho público joven con cara de interesante, y algunas parejas mayores que examinan de cerca alguna pieza. Eso es la feria del arte, donde se venden relaciones sociales y pocas piezas.

En las entrañas del fenómeno astronómico los movimientos son más contundentes. En el núcleo de magma del planeta Arco acontecen movimientos de 400.000 euros de compra por parte de instituciones públicas y otros de idiomas desconocidos. Mientras, en sus acólitos los acuerdos de cualquier tipo fluyen entre copas y risas. El arte, a fin de cuentas, en nuestra sociedad actual es mucho más que meras sensaciones.

La tentación de guardar para mí la opinión sobre Arco y sus satélites es alta. Pero la primavera inesperada de estos últimos días y la falta de ese televisor del principio del artículo entre mis posesiones me tiran de la lengua: una feria es una feria. Y al mercado se va a comprar o a vender. Con esto quiero decir que el arte exhibido estos días en Madrid no deja de ser un producto en un escaparate y no la creación real. Difícil es ir de tiendas y que te seduzcan varias prendas de ropa. Igual de difícil es que lo hagan estas piezas de arte que cuelgan como embutidos en la charcutería.

El arte es ese producto de la sociedad humana inventado para remover el consciente y el inconsciente. Pero seamos sinceros. En las naves de un recinto ferial o en los pasillo de un hotel, este acto íntimo es imposible que surja, incluso para el más esforzado de los visitantes. Por lo que mientras se entienda el arte como un producto más de intercambio mercantil, y las obras sigan colgando como chorizos y morcones, que un planeta como Arco y sus satélites siga impactando año tras año en nuestra ciudad no será más que un acontecimiento social.