El mercader de Venecia: ¿antisemitismo o crítica a la opresión de las minorías?

Al Pacino en el papel de Shylock, en la versión cinematográfica dirigida por Michael Radford en 2004

William Shakespeare escribió El Mercader de Venecia entre 1596 y 1598 aunque no se estrenó hasta el 1600. Su fuente principal es la Primera Historia del cuarto día, en Il Pecorone (1378), una colección de historias de Giovanni Fiorentino. Y aunque el montaje que Noviembre Teatro presenta en Matadero no quiera poner el foco en el personaje del judío, lo cierto es que a lo largo de los siglos Shylock le ha robado todo el protagonismo a los otros personajes principales de la trama, como Antonio, Bassanio o Porcia. Porque la densidad que Shakespeare le otorga a Shylock no se la da a ningún otro personaje.

En la obra, Shakespeare muestra descarnadamente la injusticia y el escarnio a la que se ven sometidos los judíos (aunque el dramaturgo no llegaría a convivir con ningún judío, ya que fueron expulsados de Inglaterra en 1290 y no fueron readmitidos hasta 1655).

Lo que no está claro, y que todavía es motivo de interpretaciones diversas, es si Shakespeare lo plantea como una denuncia a la situación de clara discriminación o como una crítica feroz a los judíos. Para algunos está clarísimo. Todavía resuena la sentencia del famoso crítico literario Harold Bloom: “Tendría uno que ser ciego, sordo y tonto para no reconocer que la grandiosa y equívoca comedia El mercader de Venecia es sin embargo una obra profundamente antisemita”. Pero para otros, es justo lo contrario: para Salomón Reznick, por ejemplo, “[Shylock] no es la encarnación de su raza, sino de todos los seres oprimidos”, puesto que sostiene que en sus discursos podríamos reemplazar la palabra “judío” por la de “proletario”, “negro” o “subversivo” y obtener el mismo resultado (1).

La ambigüedad (deliberada) con la que Shakespeare construye este personaje es la que ha dado pie a tan diversas interpretaciones. Lo que no es nada ambigua es la sinopsis de la obra, que arrasa literalmente con Shylock arrebatándole tanto sus afectos (su hija) como sus riquezas, a favor de unos cristianos que mantienen un sistema de prestamistas como modo de funcionamiento del Estado pero, al mismo tiempo, desdeñan a estos prestamistas acusándolos de usura.

La trama

Bassanio, un veneciano que pertenece a la nobleza pero es pobre, le pide a su mejor amigo, Antonio, un acaudalado mercader, que le preste 3.000 ducados para poder enamorar a la rica heredera Porcia. Antonio, que tiene todo su dinero empleado en sus barcos en el extranjero, decide pedirle prestada la suma a Shylock, un usurero (ahora se le llamaría prestamista) judío. Shylock, harto de las vejaciones a las que se ve sometido por parte de los cristianos solo por el hecho de ser judío, acepta prestar el dinero con la condición de que, si la suma no es devuelta en la fecha fijada, Antonio tendrá que dar una libra de su propia carne de la parte del cuerpo que Shylock dispusiera.

Mientras, el otro hilo argumental (la supuesta comedia romántica) arranca con que, por voluntad de su padre, Porcia debe casarse con aquel pretendiente que escoja de entre tres cofres (uno de oro, otro de plata y un tercero de plomo) aquel que contenga el retrato de ella. Bassanio elige el tercero, que es el correcto y se compromete con Porcia. Ella le da un anillo como muestra de amor, y le hace prometer que no se lo quitará. Lo mismo hace Nerissa, criada de Porcia, con Graciano, un amigo de Bassanio.

Los barcos de Antonio se hunden y la deuda no se paga. Shylock reclama su libra de carne, exigiendo que sea de la parte más próxima al corazón. Tal situación desemboca en un juicio presidido por el Dux de Venecia al que asisten Porcia disfrazada de abogado y Nerissa de ayudante. Porcia da la razón a Shylock y admite que éste, por ley, puede cobrarse la libra de carne. Sin embargo sólo puede ser carne, y por lo tanto no puede derramar ni una sola gota de sangre. Shylock desiste de su reclamo, y pide luego el doble de lo que le debían, pero le dicen que si no accede al cumplimiento del contrato se irá preso, salvo que done todas sus riquezas. Así, el Dux le quita sus riquezas, y le da la mitad a Antonio y la mitad al Estado veneciano. Antonio dice que le perdona su parte si se convierte al cristianismo y le da sus propiedades a su hija Jessica, que Shylock ha desheredado por haberse fugado y casado con Lorenzo, un cristiano.

Ya de vuelta a la comedia romántica, el ‘abogado’ y su ‘ayudante’ les piden como muestra de gratitud a Bassanio y a Graciano el anillo que llevan puesto. Ellos al principio se niegan, pero terminan por entregárselo. Cuando llegan a Belmont (casa de Porcia), ambos aparecen sin el anillo, por lo que son recriminados, pero al final Porcia y Nerissa les muestran los anillos y confiesan la verdad. Además, Porcia informa a Antonio que tres de sus barcos han vuelto sanos y salvos.

Todo acaba bien para los personajes de la obra, excepto para Shylock.

(1): Ansaldo, Paula. “Apuntes sobre Shylock: la representación del judío en El mercader de Venecia de William Shakespeare“. La revista del CCC [en línea]. Julio / Diciembre 2014, n° 21. [citado 2015-11-20]. Disponible en Internet: http://www.centrocultural.coop/revista/articulo/500/. ISSN 1851-3263.

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