La fábrica de ilusiones

Te contamos cómo la magia se basa en algunos principios científicos que rigen nuestro cerebro

La realidad que percibimos se construye a través de señales exteriores que confluyen en el cerebro

El ilusionismo puede hacer plantearse la siguiente pregunta: ¿magia o ciencia? Lo cierto es que existen grandes relaciones entre ilusionismo y ciencia. Básicamente, y dicho de manera llana, nuestro cerebro es una auténtica fábrica de ilusiones. La realidad que percibimos se construye a partir de señales que nos llegan del exterior a través de los sentidos. Estas confluyen en el cerebro, que es el que procesa la información recibida y la relaciona con las propias experiencias vividas, y con los conocimientos adquiridos, de forma que creamos una percepción particular y artificial como si fuera propia.

En este proceso de interpretación intervienen muchos factores que pueden alterar el resultado final. Y es ahí donde nuestros admirados magos e ilusionistas juegan con nosotros para aprovechar y producir efectos que nos llevarán a pensar que son acciones sobrenaturales cuando en realidad son únicamente una cuestión de percepción.

¿Qué es la percepción?

La percepción es un proceso a través del cual los sujetos captan información del entorno y la usan para formar una representación de la realidad de su entorno. El proceso de la percepción, tal como propuso Hermann von Helmholtz, es de carácter inferencial y constructivo, generando una representación interna de lo que sucede en el exterior al modo de hipótesis. Para ello se usa la información que llega a los receptores y se va analizando paulatinamente, así como la información que proviene de nuestra memoria (tanto empírica como genética) y que ayuda a la interpretación y a la formación de la representación.

Este, de hecho, es un modelo artificial de crear la realidad utilizando información almacenada y herramientas propias que tenemos en el cerebro. Pongamos un ejemplo. Centrémonos en la percepción del movimiento, una de las argucias más utilizadas en los espectáculos de ilusionismo.

La percepción del movimiento implica información visual de la retina y mensajes de los músculos alrededor de los ojos. En ocasiones, los procesos perceptuales nos hacen crear ilusiones ópticas y creemos ver movimiento en objetos estáticos. Por ésta razón se clasifica en movimiento real, movimiento aparente y movimiento inducido.

El movimiento real se refiere al desplazamiento físico de un objeto de un lugar a otro. La percepción del movimiento real depende solo en parte del movimiento de las imágenes a través de la retina. Si una persona permanece quieta y solo mira de reojo los objetos a su alrededor, las imágenes seguirán pasando a través de la retina; pero los mensajes de los músculos del ojo contrarrestan a los de la retina y entonces los objetos del cuarto se percibirán como inmóviles.

En cuanto al movimiento aparente, se trata por él mismo de una ilusión óptica que ocurre cuando percibimos movimiento en objetos que en realidad están estáticos. Una forma de movimiento aparente se conoce como ilusión autocinética. Por ejemplo, a un individuo en un cuarto oscuro solo se le permite ver un punto de luz. Al cabo de varios segundos esta persona percibirá que la luz se mueve: al estar todo en oscuridad no hay un marco de referencia visible. En este caso los ligeros movimientos de los músculos del ojo (imperceptibles la mayor parte del tiempo), hacen que la luz parezca moverse.

El movimiento inducido es otra forma de ilusión óptica. Sucede comúnmente cuando se viaja en tren. Al estar inmóvil y pasar cerca otro tren en movimiento se produce la sensación de que somos nosotros los que nos movemos hacia atrás. Como no tenemos un marco de referencia confundimos cuál es el tren que se está moviendo en realidad. ¿Cómo escapar del engaño? Mirando al suelo para establecer un marco de referencia. Et voilà!

 

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