¿El talento tiene género? Desigualdad en artes plásticas

Leticia Palomo. Jurista y antropóloga

Permítame lector que hablemos de números, de cifras aburridas, de dólares o euros. Porque, aunque hablemos de arte, hablamos de mercado, y como en cualquier otro negocio son los números los que finalmente mandan con una dictadura despótica, sobre el resto de factores que debieran de regir nuestras vidas de simples mortales, esto es, de consumidores.

Consultar las listas de Forbes es un pasatiempo que todos deberíamos de practicar en algún momento de nuestras vidas. Conocer las mayores fortunas del planeta, los actores mejor pagados, etc. Pero, no es sólo un pasatiempo, se puede convertir en un práctico marcador de la realidad que nos rodea.

Eche un vistazo a la lista de obras de los artistas vivos que alcanzaron las cifras más elevadas en su venta. En esa lista, (sorpresa) tan sólo figura la obra de una mujer artista, la fotógrafa Cindy Sherman, la cual se posiciona en el puesto número once a una más que considerable distancia de la obra mejor vendida, la del escultor Damien Hirst, que alcanzó la cantidad de un billón de dólares.

En este momento me vienen a la cabeza las estadísticas que plasman en sus obras el colectivo feminista Guerrilla Girls. Célebre es su obra en la que se denuncia que sólo un 3% de las obras de arte moderno que se encuentran en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York corresponden a mujeres.

Y la pregunta que debiera surgir a continuación es ¿tiene el talento artístico género?

Imagínese que es usted un personaje adinerado con ansias de adquirir una obra de arte. ¿Qué factores condicionarían esa compra? ¿Sería uno de ellos el nombre del autor? Seguramente sí.

Sí, de nuevo recuerdo que el arte es un mercado, y que en este se consumen marcas más que calidad. Y las marcas más y mejor vendidas tienen nombre masculino.

Es curioso que este fenómeno no suceda en todas las artes y parcelas de la cultura. Existe prácticamente equiparación entre los dos géneros en el mercado de los libros más vendidos. Piense en Nora Roberts, Danielle Steel, E. L. James o J. K. Rowling, escritoras de éxito e influyentes, cuyas obras han sido traducidas a todos los idiomas, incluso al cinematográfico.

Por ello seguiremos indagando el misterioso sector de las artes plásticas. Comencemos visitando los tres pabellones de Arco 2015 durante este fin de semana. Realice un ejercicio estadístico mientras disfruta del paseo y contemplación. Cuente el número de artistas femeninas que exhiben sus obras allí. Los números siguen siendo igual de fríos. Aunque entre los artistas españoles la equiparación sea muy grande, la tónica general es la desigualdad en detrimento del colectivo de mujeres artistas. Incluso el país invitado, Colombia, presenta ocho artistas femeninas de un total de veintidós. Prosiga este juego lúdico y social contando el número de mujeres galeristas. Sorpréndase. En este caso se está cerca de la equiparación.

En España un 65% de los graduados en Bellas Artes son mujeres y un 52% de los visitantes a exhibiciones de arte también lo son. Sin embargo, tan sólo existe un 33% de artistas femeninas [según datos del Centro de Documentación de Mujeres en las Artes Visuales]. De nuevo surgen preguntas. ¿A dónde va a parar esa cifra de graduadas en Bellas Artes que se pierde en el camino?

De nuevo las estadísticas del Centro de Documentación de Mujeres en las Artes Visuales nos ayudan a entender este misterio. Según las cifras arrojadas, hay unos rangos elevados en los que las mujeres desarrollan ocupaciones en instituciones públicas. ¿Prefieren estas profesionales de las artes la estabilidad económica a la bohemia?

Permítame seguir metiendo el dedo en la llaga, y esta vez no lo haré con números, sino con una más que polémica cita. En una entrevista en el semanario Der Spiegel, el artista alemán Georg Baselitz dijo que “las mujeres no pintan muy bien. Es un hecho. Simplemente no aprueban el examen del mercado, el test de valor. Y como siempre, el mercado tiene la razón”.

Ya tenemos la solución a muchas de nuestras dudas gracias al señor Baselitz. Usted, imaginario magnate, no pujará por el cuadro de una mujer porque su gusto exquisito y delicado no se lo recomendará. ¿Cree de veras un personaje acaudalado o Georg Baselitz que la carga genética de un individuo le condicionará a tener unas habilidades artísticas? ¿O estamos acaso hablando de que las musas no son amantes de las mujeres y no las visitan cuando claman y suspiran por la inspiración artística? Por desgracia estas tesis se vienen abajo porque ya sea Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Tespsícore, Talía o incluso Urania, todas, en un momento u otro han visitado a mujeres en la historia de la humanidad para iluminarlas en su creación. Entonces bajemos a la húmeda y prosaica tierra para examinar a los directores de museos y a los coleccionistas de arte, los últimos actores de este puzzle que nos quedan por examinar.

Utilizaré de nuevo el fácil recurso de la comparación. Mientras que los libros son comprados por un mercado masivo, la compra de obras de arte se ciñe a un grupo minoritario y (permítame de nuevo el atrevimiento) elitista que decide con sus adquisiciones el valor de las piezas en el arte. Tiremos de nuevo de cifras para saber quiénes son estas influyentes personas. Según el Centro de Documentación de Mujeres en las Artes Visuales en España sólo un 13% de los coleccionistas son mujeres y el porcentaje de mujeres con cargos en la dirección de museos en la media de Europa es de un 22,9% según los datos del Great East London Art Audit realizado por The East London Fawcett. Quien compra manda. Y sin embargo, en un mercado más democratizado como el de los libros (en comparación con el mercado del arte), las mujeres tienen el mismo éxito que los hombres.

Una vez abierta esta brecha en la senda de la investigación cualquier lector podría rebatirme la absurda idea de que un coleccionista o director de un museo por el simple hecho de ser hombre ignore el arte hecho por mujeres en favor del que realizan los hombres. Pues no es eso lo único que digo. Sino que estos hombres poderosos en el arte no solo evitan las obras creadas por mujeres, sino también las realizadas por hombres no blancos o no pertenecientes a la esfera cultural de occidente. Digo pues, que el talento no tiene género ni color, sino que la tendencia consumidora en el mercado del arte ha ido durante siglos a favor de un artista tipo, modelo que no ha sido desbancado aún por una corriente de igualdad y justicia social. En mi opinión el sector de las artes plásticas representa muy bien la situación social actual y pasada. Es un reflejo bastante fiel de la realidad ya que no está tan perturbado por agentes externos como la publicidad o las tendencias de moda.

Sólo me permito, y esta vez sin solicitar su autorización, recomendarle al lector que descubra otros artistas hombres o mujeres y no se deje influenciar por las imposiciones de los apáticos números que han conducido este artículo. Y que si en un futuro quisiera gastar varios cientos de miles de euros no adquiera una marca, sino calidad y sobre todo emociones sensoriales e intelectuales, las que deberían imponerse despóticamente en el arte.