El amor en tiempos de cólera

Ciencia y cultura se darán la mano en La línea amarilla. Y empezamos explicando porqué, como dice el clásico, el amor es pura química

En la cascada de reacciones que desencadenan el amor hay electricidad y química

En 1953, un estudiante de la Universidad de Chicago, Stanley Miller cogió dos matraces. Uno con agua (representando el océano) y otro con una mezcla de metano, amoniaco y sulfuro de hidrógeno en estado gas (representado la atmósfera de la Tierra). Los conectó con una goma e introdujo unas chispas eléctricas a modo de rayos. A los poco días, el agua había adquirido un tono amarillo-verdoso: se había convertido en un caldo de aminoácidos, ácidos grasos, azúcares y otros compuestos orgánicos. “Si Dios no lo hizo de este modo desperdició una buena oportunidad“, comentó el supervisor de Miller, el Nobel Harold Urey.

Esto es el comienzo de la vida, la creación de materia orgánica. Así nace la sección de Ciencia de La línea amarilla. Con algo más que agua, unos cuantos gases, algo de electricidad, y muchas ganas. Pero al igual que hace ya más de 50 años ni era ni es tan simple. No siempre es fácil entender la ciencia aunque todo lo determina, también a su manera la creación y la cultura. Por eso desde La línea amarilla queremos contarla, acercarla y disfrutarla. Para l@s arganzueleñ@s más curiosos y para todos los demás. A veces serán reportajes sobre la ciencia que se descubre en la propia Arganzuela. Otras, divulgación del hecho científico en estado puro, de cómo la ciencia lo toca y lo transforma todo, hasta lo más cotidiano.

Y por qué no empezar con algo común a todos, del día a día. Unos de los bienes más preciados y ansiados. Un concepto universal definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista. Definámoslo ahora bajo un punto de vista más científico. Intentemos definir el Amor.

¿Por qué nos enamoramos de una determinada persona y no de otra? Qué le pasa a la química de nuestros sistemas y tejidos cuando nos ocurre algo, que suele sucedernos a todos alguna vez en la vida: ¡Nos enamorarnos!

La química del amor es una expresión acertada para intentar explicar, desde el punto de vista biológico, las reacciones químicas que subyacen y motivan el mundo de sensaciones que se desencadena en nuestro cuerpo cuando nos enamoramos, aunque para muchos sea difícil de aceptar una explicación química del amor. En la cascada de reacciones que ocasionan las emociones hay electricidad (descargas de pequeño voltaje entre las neuronas para comunicarse entre ellas y comunicar unos sistemas con otros y así coordinar las respuestas a los estímulos) y hay química (hormonas y otras sustancias que son generadas por los nervios y las glándulas, y que viajan por la sangre para participar en esa comunicación entre los órganos y las células). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y ellas son las que causan buena parte de los comportamientos que identificamos con el estado de enamoramiento.

Los síntomas del enamoramiento, son el resultado de complejas reacciones químicas en el organismo, que nos hacen sentir aproximadamente lo mismo a todos, aunque a nuestro amor lo sintamos como único en el mundo. Si alguien nos gusta mucho, cuando hablamos con él o ella nuestras rodillas flaquean, se nos encoje el estómago y a veces apenas nos salen las palabras. Dormimos poco y fantaseamos constantemente. Todos nos dirán que estamos enamorados. De acuerdo a algunos investigadores, el amor equivale a una sobredosis hormonal, que es la que dispara las reacciones visibles y las sensaciones percibidas.

A través del sistema nervioso, el hipotálamo (una pequeña glándula situada en la base del cerebro) envía mensajes a diferentes sistemas del cuerpo ordenando a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (compuestos transmisores que comunican entre sí a las células nerviosas y a éstas con otros órganos). La adrenalina incrementa la presión sanguínea, acelera el ritmo cardíaco y hace que respiremos más pesadamente. La alta presión sanguínea provoca el síntoma de las palmas sudorosas y de los rubores de las primeras etapas del enamoramiento, mientras que la respiración más profunda lleva a oxigenar más el cuerpo, dándole más energía y provocando a veces una “sobredosis de oxígeno”, uno de esos momentos donde nos sentimos flotar. ¿O era eso lo que llamábamos estar enamorados?

La existencia elevada de noradrenalina en el cuerpo provoca una elevación del humor y hace que nos sintamos seguros y a gusto cuando compartimos momentos con la persona que consideramos especial.

Es en el sistema nervioso autónomo donde se asientan los orígenes de un montón de emociones: el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo.

La FEA

Hace apenas 25 años que se planteó el estudio del amor como un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral, pasa a las neuronas y de allí al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas. El verdadero enamoramiento parece ser que sobreviene cuando se produce en el cerebro una molécula orgánica, la Fenil-Etil-Amina (FEA). Ese estado de felicidad y euforia que manifiesta el enamorado está provocado por la mencionada molécula.

Comúnmente conocida como la “molécula del amor”, la FEA es un estimulante natural, similar a una anfetamina y se acepta que a ella se debe la excitación que sienten las personas enamoradas. La teoría que esgrimen los científicos afirma que la producción de feniletilamina en el cerebro puede ser disparada por cosas tan básicas como una profunda mirada a los ojos o un simple rozar de manos. Las sensaciones más embriagadoras, al igual que el rubor, la transpiración excesiva en la palma de las manos, el pulso acelerado y la respiración agitada son explicadas clínicamente como un caso de sobredosis de FEA.

La secreción de FEA inicia una cadena de reacciones en el cerebro. El efecto primario de la FEA es estimular la secreción de dopamina, un compuesto neurotransmisor que tiene el efecto de hacernos sentir bien, relajados, y es el responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro. La dopamina afecta los procesos cerebrales que controlan el movimiento, la respuesta emocional y la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer. La secreción de dopamina, estimulada por la FEA, induce un proceso de aprendizaje positivo en el cerebro, que es el responsable último de transformar lo que era un simple deseo con fines sexuales en algo mucho más profundo, la atracción mutua. La dopamina refuerza el impulso que repite el estímulo y así nacen las relaciones entre dos enamorados.

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